Ludmilla Souza, periodista y vocal del AMPA Districte Marítim | 30 ENERO 2026
El pasado 27 de enero, el IES Marítim acogió una charla sobre «Comunicación asertiva y resolución de conflictos en familia», organizada por el centro en colaboración con el AMPA. La ponente, Gracia Vinagre, psicóloga clínica de la Federación de Salud Mental de Valencia, ofreció herramientas prácticas para mejorar la comunicación con nuestros hijos e hijas adolescentes, una etapa donde el diálogo suele complicarse.
La Federación de Salud Mental de Valencia colabora con 34 centros prestando asistencia a personas con problemas de salud mental, y también asesora y forma a institutos. El año pasado la psicóloga ya visitó el IES Marítim para formar al profesorado y a las familias en prevención del suicidio, gestión emocional y cuidado de la salud mental, realizando además intervenciones directas con el alumnado que más lo necesitaba.
La adolescencia: un cambio de chip
«El cambio de primaria a secundaria es un cambio importante y en algunos casos puede suponer un reto grande para los niños», explicó Vinagre. Entre los 12 y los 18 años, los adolescentes normalmente se cierran más y no son tan comunicativos como lo eran de niños. A esto se suma el uso intensivo de las tecnologías desde edades cada vez más tempranas, lo que ha dificultado aún más la comunicación entre hijos y familia, e hijos y profesorado.
Al comunicarse principalmente a través de redes sociales, especialmente WhatsApp, TikTok e Instagram, los jóvenes terminan usando ese formato con iguales y adultos. El resultado: grandes carencias para argumentar, falta de pensamiento crítico y conversaciones reducidas a monosílabos. «¿Cómo te fue el día, cariño? Bien. ¿Te salió bien el examen? Uhum. ¿Solucionaste el malentendido con Fulanito? Sí«, ejemplificó la psicóloga.
El aprendizaje comunicativo
Vinagre identificó tres espacios donde aprendemos a comunicarnos:
1. La familia: Es el primer y más importante. Los hijos imitan a padres y familiares, observando y copiando los temas de conversación, el tono utilizado, cómo se gestionan los enfados y qué temas causan malestar en casa.
2. La socialización con iguales: Durante la adolescencia, los jóvenes aplican lo aprendido en casa con sus compañeros y amigos, aunque el entorno también puede modelar ese aprendizaje inicial.
3. Las redes sociales: Especialmente WhatsApp. Comunicarse por texto elimina el tono, el contexto, la entonación, el volumen y las expresiones faciales. Esto genera efectos negativos: búsqueda de validación a través de likes, relaciones superficiales, malentendidos frecuentes y construcción de autoestima basada en imágenes falsas.
Herramientas prácticas para casa
La ponente compartió estrategias concretas para mejorar la comunicación familiar:
Empezar por lo cotidiano: Sacar un tema banal para hablar y aprovechar ese momento para que compartan cómo se sienten por algo que les ha pasado.
No vetar temas: Mantener una apertura total para hablar de cualquier cosa.
Escucha activa: Estar atentos, que se note en el lenguaje corporal, dejar que hablen libremente.
Preguntar qué necesitan: ¿Quieres desahogarte? ¿Ser escuchado? ¿Quieres mi opinión o necesitas ayuda?
Compartir nuestras experiencias: Hablar de nuestro día, anécdotas, problemas y cómo nos sentimos.
Validar sus emociones: Lo que para nosotros no es importante, para ellos puede causar pesar, miedo o tristeza. No hay que minimizar sus problemas o se sentirán incomprendidos.
Reconocer lo que hacen bien: El refuerzo positivo es fundamental.
Mensajes cortos, no sermones: Ser claros y directos.
Comunicación sin juicio: Cara neutral, escucha activa, empatía. Ponernos en su piel, en su contexto, en su edad.
Pasar momentos divertidos juntos: La diversión crea vínculos.
«Todo ello crea un ambiente de confianza de que en casa tienen un lugar seguro donde pueden expresar sus sentimientos sin ser juzgados», resumió Vinagre. La psicóloga añadió que en los talleres con alumnado, estos suelen quejarse de que los padres minimizan sus problemas y no les entienden.
El impacto de las redes sociales
Vinagre recomendó ver en Amazon Prime los documentales «Generación clic» y «Generación porno» para tomar conciencia de lo que suponen las redes sociales para el cerebro adolescente y el acceso temprano a contenido pornográfico, a veces desde primaria.
«Instagram y TikTok generan algoritmos distintos adaptados a cada perfil, están hechos para enganchar. Si estás triste y ves videos deprimentes, te sugiere más de esa temática, y al final caes más hondo», advirtió.
Una profesora del instituto compartió un experimento realizado con 1º de Bachillerato: durante un minuto, todos hicieron scrolling en Reels (Instagram) simultáneamente, y a cada uno le apareció contenido completamente distinto según su perfil.
Respecto al contenido pornográfico, se compartieron experiencias preocupantes. Una madre contó cómo su hijo, con 12 años, solo podía usar su móvil supervisado para WhatsApp familiar y de clase. A pesar del control parental y la revisión de chats, otra madre alertó de que, en algunos casos, contenidos aparentemente inocentes – como stickers enviados en conversaciones – venían acompañados de mensajes o enlaces que, al ser pulsados, redirigían a vídeos pornográficos. Y era cierto.
Profesoras y ponentes confirmaron que algunos alumnos han naturalizado como normal el porno violento debido al acceso temprano, a edades en las que ni siquiera tienen deseo sexual, pensando que eso es lo real.
«Hay que distinguir que ‘conexión con amigos’ – lo que dan WhatsApp y redes sociales – no es lo mismo que ‘socializar’. Eso solo se consigue reuniéndose en persona», subrayó Vinagre.
Gestionar los conflictos sin perder el control
Para los conflictos en casa, la recomendación es clara: no pasar sus límites ni que pasen los nuestros. «Todos tenemos ese botón rojo que nos hace perder el control y que salga la ira. Hay que evitar llegar allí», explicó. Es mejor retirarse a tiempo, respirar, ir a otra habitación, incluso dejar el tema para otro día más tranquilo.
A veces las preguntas directas les hacen pensar que queremos controlar su vida, por eso es mejor tratar temas de forma indirecta. Y cuando usan lenguaje soez o un tono que no nos gusta, a veces solo reflejan cómo hablan con sus amigos, sin mala intención. Si lo que cuentan es importante para ellos, hay que escuchar sin perder ese momento. Después, en otro contexto más tranquilo, se puede abordar el tema del tono o las palabras utilizadas. Vinagre ejemplificó: ‘el otro día me estabas contando tal y cual, y no me gustó el tono con el que hablabas/que uses esas palabras soeces, ya sé que hablas así con tus amigos, pero me gustaría que sea respetuoso/a.
La charla finalizó con una reflexión compartida: la adolescencia es una etapa compleja, pero con las herramientas adecuadas, paciencia y empatía, podemos mantener abiertos los canales de comunicación con nuestros hijos e hijas, ofreciéndoles ese lugar seguro que tanto necesitan.





